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Las vueltas de Gallardón con su reforma del aborto, el desconcierto del PP y el amplio rechazo social a la reforma planteada

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Las vueltas de Gallardón con su reforma del aborto, el desconcierto del PP y el amplio rechazo social a la reforma planteada

Desde finales de 2013, cuando se anunciara las intenciones del Partido Popular para reformar la actual ley de aborto de 2010, el guión escenificado por el Ministro de Justicia parece enredado en un bucle continuo, un guión cíclico que se ha repetido una y otra vez a lo largo de estos meses, veamos.

En primer lugar, es el Ministerio de Justicia con Gallardón a la cabeza y no el Ministerio de Sanidad, como sería lo lógico, el que toma como bandera recortar el derecho a decidir de las mujeres y por tanto, la derogación de la actual ley de aborto. Así Gallardón inicia todo  un discurso perverso para justificar la reforma (o contrarreforma) de la actual ley de aborto en el que, entre otras muchas perlas, habla de la maternidad como el fin de la mujer “la libertad de la maternidad hace a las mujeres auténticamente mujeres” o  se compromete a defender “el derecho reproductivo por excelencia de la mujer” que asegura es “el de la maternidad”.  Argumentos ultraconservadores dirigidos claramente a un electorado ultracatólico y que calan muy poco en la inmensa mayoría de la sociedad  siendo  especialmente rechazados por las mujeres, sobre todo jóvenes y grupos feministas.

El anteproyecto de ley llamado “Ley Orgánica de Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada ” hace, ya en su título, toda una declaración de intenciones primando los derechos del feto sobre los derechos de la mujer. Así, lo que nos propone este anteproyecto es pasar de una ley que, ante un embarazo no deseado, reconoce el derecho de la mujer a decidir si interrumpirlo o no dentro de las primeras 14 semanas. A una ley que criminaliza el aborto, lo aleja de su consideración de práctica médica para convertirlo en delito ya que sólo será legal  abortar en dos supuestos muy restrictivos, violación o riesgo para la salud psíquica y física de la mujer, lo que habrá que demostrar a través de cuatro certificados, numerosas entrevistas, acreditaciones, etc. Que en la práctica hará que sea  casi imposible acceder a un aborto legal para la inmensa mayoría de las mujeres lo que las obligará a ser madres, quieran o no.

El brutal retroceso que supone este anteproyecto en los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres choca frontalmente con el avance social que se ha producido en nuestro país respecto a los derechos conquistados, gracias a las luchas feministas por la igualdad,  que ha provocado que las mujeres se perciban como sujetos de pleno derecho, con autonomía y, sobre todo, con derecho a decidir sobre su cuerpo y su vida. Este ha sido y es un elemento fundamental tanto en las consignas proclamadas y gritadas en las calles como en las argumentaciones de la inmensa mayoría de las mujeres basadas en el “en mi cuerpo mando yo” y “nada ni nadie puede decidir sobre si quiero o no ser madre”

El pulso mantenido por la sociedad, especialmente por las organizaciones y colectivos feministas pero también por numerosas asociaciones del ámbito médico, científico u organizaciones internacionales que trabajan en la defensa de los derechos sexuales y reproductivos. Ha evidenciado el amplísimo rechazo que provoca una reforma profundamente reaccionaria, tanto, que incluso levanta resistencias en el propio electorado del partido popular y entre muchos miembros de este partido.  

Entre tanto, la gestión que Gallardón ha venido haciendo de su reforma del aborto ha desconcertado a sus propias filas y a la dirección del PP, que siempre ha preferido mantenerse de perfil ante la reforma pero que no logra contener el aluvión de voces en contra de la dureza de la norma, mucho más restrictiva que la de 1985, en la que sí estaba incluido el supuesto de aborto en caso de malformación. Supuesto eliminado en el anteproyecto y que Gallardón se niega a introducir como tal, a pesar que numerosos informes preceptivos (Consejo General del Poder Judicial, Consejo Fiscal…) que lo recomiendan.

Con todo este lío entre manos, el anteproyecto se le atraganta una y otra vez al gobierno, que como es sabido no le gusta que los temas polémicos se resuelvan con mucho ruido y conflicto. Algo difícil ante una ley que vulnera de forma gravísima el derecho de las mujeres a decidir  de forma autónoma  sobre su cuerpo y proyecto de vida.
El pulso sin embargo se mantiene entre Gallardón y Rajoy  para ver cómo se disfraza una reforma y que no parezca lo que es, una norma misógina, autoritaria y restrictiva de un derecho humano básico y fundamental  para las mujeres como es el derecho a decidir sobre su maternidad y su vida. Pero también se mantiene un pulso, aún más fuerte y decidido, entre la ciudadanía contraria a la reforma y el Gobierno. Rechazo que difícilmente podrá sortear con la presentación de una reforma del aborto apenas maquillada y disfrazada que, aún así, continuará suponiendo un paso atrás en los derechos conquistados que tantos esfuerzos han supuesto y que, ni la sociedad ni las mujeres ni las organizaciones sociales y feministas, están dispuestas a permitir. 

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